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Sobre el fallecimiento con 16 días de diferencia de ‘la abuela de Granadilla de Abona y del Sur’ y ‘la abuela de Canarias’

Sobre el fallecimiento con 16 días de diferencia de ‘la abuela de Granadilla de Abona y del Sur’ y ‘la abuela de Canarias’

Hasta su fallecimiento el pasado 1 de julio, la ‘abuela de Granadilla de Abona’ lo era también del Sur, un doble honor que venía manteniendo doña Antonia Luis López desde hacía algunos años. Atrás quedan las visitas que con motivo de su cumpleaños y como reconocimiento a la granadillera más longeva, cada 15 de enero le hacía una representación del Ayuntamiento con el Alcalde a la cabeza. Las casualidades de la vida hicieron coincidir este fallecimiento con el del que era considerada la ‘abuela de Canarias’, doña Rosalba Castro Bello, una chicharrera de 110 años que falleció apenas 16 días después de que lo hiciera doña Antonia.

En este sentido recogemos sendos artículos publicados por Diario de Avisos que ilustran estos hechos. Así, el 4 de julio publicaba el referido a la ‘abuela’ granadillera que, realizado por Juan Carlos Mateu y con el título ‘Fallece a los 107 años en El Médano la abuela del Sur’, decía:

« El corazón de doña Antonia dejó de latir el sábado 1 de julio a las cuatro y media de la tarde en su casa de El Médano. Se apagaba una vida de 107 años marcada por el esfuerzo y el sacrificio en tiempos muy duros en la comarca sur, donde los recursos para sobrevivir eran escasos, lo que obligaba, como en su caso, a trabajar noche y día en los empaquetados de tomates, cuidar los animales y atender las tareas del hogar.

Su vida no resultó nada fácil, no solo por las condiciones adversas del entorno, tanto físicas como económicas, sino por el revés inesperado que sufrió con 86 años y que le marcaría para el resto de su vida, al sufrir el atropello de una guagua que le amputaría una pierna y le condenaría a una silla de ruedas.

Era muy trabajadora y una persona con carácter, sana, leal, humilde, que no molestaba a nadie”, manifestó ayer a este periódico su hija María Toledo, a la que siempre le quedará la imagen de una madre “luchadora, cariñosa y con sentido del humor”.

Antonia Luis López disfrutaba cada mañana con su taza de leche y gofio. Pocas cosas le hacían tan feliz como el momento del desayuno. El desayuno de toda una vida que tomaría hasta el último de sus días. El mar era otra de sus pasiones. Disfrutaba al sentir el contacto del agua en la playa de El Médano, convencida de los beneficios que aportaba a su organismo el salitre y que recomendaba a su familia.

Los paseos por la orilla, antes de sufrir el accidente, era otra de sus actividades preferidas. Su hija se encargó, después del atropello, en 1996, de que no perdiera ese placer y la acercaba a la playa para que sus ojos pudieran contemplar el Atlántico en todo su esplendor junto a la Montaña Roja.

Le encantaba el mar, le hacía feliz caminar junto a él y cuando ya no podía, disfrutaba viéndolo desde la playa”, relató María Toledo, que se encargó del cuidado de su madre hasta el último día. “El gofio y el mar le dieron la salud, tenía un estómago de hierro y no le faltaba calcio en sus huesos”.

A Antonia Luis López la conocían como la abuela de Granadilla, aunque lo era del Sur. Era natural de Los Realejos, si bien desde niña su familia, numerosa (tenía nueve hermanos), se trasladó a Granadilla en busca de un porvenir. Ya con 70 años fijó su residencia en El Médano. Fruto de su matrimonio con Pedro Toledo, tuvo dos hijos. Contaba con cinco nietos, dos bisnietos y dos tataranietos. Conservaba sus facultades mentales en perfecto estado y en los últimos años, cada 15 de enero, fecha de su cumpleaños, acudía a felicitarla el exalcalde, Jaime González Cejas, y este año lo hizo el nuevo regidor, José Domingo Regalado.

Precisamente, este último manifestó ayer al DIARIO que “son días tristes para Granadilla de Abona porque despedimos a una parte de nuestra historia. Doña Antonia atesoró numerosas vivencias, fruto del anhelo de conseguir un futuro mejor. Forma parte, sin duda, de la memoria colectiva del municipio”. »

Tras el fallecimiento de doña Antonia, el honor de abuela de Granadilla ha pasado a tenerlo doña Teresa de Jesús Rodríguez Lorenzo, residente en nuestro municipio y nacida hace 104 años en Guía de Isora, quien con motivo de su cumpleaños a principios del pasado mes de enero recibió la visita del Alcalde y de la concejal de Servicios Sociales que le trasladaron la felicitación institucional y le hicieron entrega de unos obsequios.

En cuanto a la ‘abuela de Canarias’, que falleció el día 17 del pasado mes de julio, Diario de Avisos publicó el día siguiente un comunicado que, con el título Fallece a los 110 años Rosalba Castro, la ‘abuela’ de Canarias’, decía:

« Rosalba Castro Bello (Santa Cruz de Tenerife, 1907), la abuela de Canarias, falleció ayer en Tenerife. Rosalba, tía de Joaquín Castro, crítico de arte colaborador de DIARIO DE AVISOS, no solo era la chicharrera más longeva, sino también la mujer de mayor edad del Archipiélago y figuraba en el grupo de las 30 personas con más años de toda España.

El pasado 16 de febrero había alcanzado los 110, aunque su sobrino precisaba en marzo, en un reportaje en este periódico, que realmente tenía 111, pues “tardaron un año en inscribirla en el registro”.

El Hogar de Nuestra Señora de Candelaria, el popular asilo de ancianos de la capital tinerfeña que gestiona la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, era desde hace tiempo su residencia, pero antes lo fue el domicilio familiar en el que nació, en la avenida de Las Asuncionistas, la calle Cruz Verde o el piso que compartió con su hermana en la calle de Tomás Morales. Casi hasta el último momento gozó de buena salud, pero además, según recordaba su sobrino, conservaba intacta la memoria. »

Una vez ya metidos en este asunto, consideramos de interés reproducir el mencionado artículo que, a modo de reportaje y con motivo del cumpleaños de doña Rosalba, publicó el pasado 19 de marzo Diario de Avisos con el título ‘La abuela de Canarias cumple 110 años’:

« Cada una de las arrugas de su rostro son parte de una historia única; la misma que se alarga ya 110 años. Sus ojos siguen mirando con curiosidad todo lo que la rodea y su memoria, a pesar del siglo de recuerdos que en ella atesora, se mantiene en perfecto estado. Rosalba Castro Bello (Santa Cruz de Tenerife, 1907) no solo es la chicharrera más longeva, sino que también lo es en el Archipiélago y además forma parte del selecto grupo de las 30 personas con más edad de toda España. El pasado 16 de febrero cumplió los 110, aunque su sobrino, Joaquín Castro, recuerda que tiene 111: “Tardaron un año en inscribirla en el registro”, subraya.

Doña Rosalba es, además, una de las protagonistas del singular proyecto fotográfico del artista estadounidense afincado en España Charles Ragsdale, que lleva por título Generaciones. Esta muestra, que ya ha iniciado su peregrinación por distintos puntos de España (y que la familia de doña Rosalba confía en que pueda verse en la capital tinerfeña), reúne a personas que superan los 105 años de edad con la intención de ser, como explica su autor en el texto que acompaña a la presentación del proyecto, “un homenaje a los llamados supercentenarios, a su papel como importantes transmisores de cultura y experiencia, elementos esenciales para la construcción del futuro por sus descendientes”.

Rosalba Castro, junto a 25 supercentenarios más, pone rostro a una generación que prácticamente ha visto nacer y morir un siglo y que ha entrado en el siguiente con sus recuerdos intactos. Esta chicharrera también es una de las 187 personas que superan los 100 años en Santa Cruz, donde 127 son mujeres y 60 son hombres.

El Hogar de Nuestra Señora de Candelaria, el popular asilo de ancianos de la capital, del que se encarga la Congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, es ahora su casa, pero antes lo fue el domicilio familiar en el que nació, en la avenida de Las Asuncionistas, la céntrica calle Cruz Verde, a la que se trasladó más tarde, o el piso que compartió con su hermana en la calle de Tomás Morales, lugares que recuerda a la perfección. Nunca se casó, aunque tuvo algunos pretendientes, pero la rigidez de su padre impidió que algún novio superara sus exigencias. Con seis hermanos y más de una quincena de sobrinos, trascurrió su juventud y edad adulta.

Doña Rosalba recuerda a la perfección cómo ella y sus amigas iban a la plaza de La Candelaria a pasear por las tardes. “Allí Dimas cobraba una perra por sentarnos en las sillas que había en la plaza”, los mismos asientos que los más pícaros usaban sin pagar. “Cuando venía a cobrarles, se levantaban y se iban corriendo”, cuenta. Entonces la visitamos en el asilo. En esta ocasión su sobrino nos sirve de enlace, ya que solo sus familiares pueden visitarla, aunque el pasado 16 de febrero, su cumpleaños, contó con la visita del presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo.

También la Fundación Tu Santa Cruz le rindió homenaje con una tarta, de la que disfrutaron todos los usuarios del asilo. Una semana más tarde, una veintena de familiares se reunió en torno suyo para celebrar, esta vez sí, de una manera más íntima, sus 110 años de vida. Afirma su sobrino Joaquín que está perfecta de salud: “Algún catarro de vez en cuando, pero nada más”. Alaba Castro la memoria de su tía: “Tiene su cabeza perfectamente”.

Doña Rosalba recuerda cómo, a pesar de formar parte de una familia acomodada de Santa Cruz, el periodo de la Guerra Civil y de la posguerra supuso pasar muchas estrecheces, las mismas que ella y sus familiares intentaban minimizar entre los más necesitados. “Dos de mis hermanos fueron a la guerra”, rememora. “Uno porque le tocó por quinta y otro porque se alistó voluntario”. Fue en esa época cuando, al igual que otras jóvenes de la capital, acudió a lo que se conocía como los talleres patrióticos, en los que se cosía para el Ejército todo tipo de prendas. “En ese tiempo faltaba de todo”, sentencia la anciana, que recuerda cómo al puerto de Santa Cruz “llegaban lanchas desde África que traían de todo y vendían las cosas en la ciudad”.

Doña Rosalba se mantuvo hasta que las fuerzas la acompañaron viviendo en su propio hogar, donde una persona cuidó de ella durante más de 15 años. Ahora, el asilo es su casa, y allí sigue cumpliendo años rodeada de cuidados, de su familia, y de sus recuerdos. Rosalba Castro ya se encamina con aplomo a los 111 años. ¿O son 112? »

 
 

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