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55 años de la tragedia del Convento, en la memoria

55 años de la tragedia del Convento, en la memoria

El pasado 3 de febrero se cumplió el 55 aniversario del trágico suceso del Convento Franciscano de San Luis originado por la aglomeración de gente que se refugiaba de la lluvia y que se habían dado cita en el claustro para obtener o renovar el Documento Nacional de Identidad (un trámite para el que se había desplazado expresamente desde Madrid un equipo de funcionarios), en el que fallecieron 24 personas y 100 resultaron heridas, que conmovió a la sociedad tinerfeña y que ocupó las primeras páginas de la prensa nacional.

De las 24 víctimas, seis eran del Casco, cinco de Chimiche, tres de Charco del Pino, tres de El Salto, una de Yaco, una de El Desierto, tres de Los Cristianos y una de La Orotava. En memoria de ellas se realizó la tradicional ‘ofrenda floral’.

La víctima natural de la Orotava fue una niña de doce años, a la que recordamos en esta ocasión a través de su paisano Bruno Juan Ávarez Abreu que, con motivo del 54 aniversario de la tragedia el 3 de febrero de 2017, con el título ‘María Esther Martín Bethencourt, la orotavense víctima de la tragedia del ex convento de Granadilla’, escribía en su blog:

« En un domingo lluvioso, el 3 de febrero de 1963, pasado el mediodía, cedió parte de la estructura del antiguo convento franciscano de San Luis, en Granadilla. Murieron 24 personas y hubo más de un centenar de heridos. Era un inmueble viejo, del siglo XVII e importante para el pueblo. Todavía lo sigue siendo. Allí estaba el Ayuntamiento y se expedía puntualmente el documento de identidad para evitar desplazamientos a Santa Cruz por la carretera vieja, toda una odisea. A eso acudieron al Convento numerosos vecinos.

La lluvia no era demasiado violenta, pero lo suficiente para mojar los papeles de identidad, y por eso todo el mundo se refugió en las paredes del Convento, pero el inmueble no pudo soportar a tanta gente y los pasillos de los corredores altos de madera cedieron. El instinto por encontrar salida aumentó la catástrofe.

La mayoría de las personas murieron por aplastamiento, presas del pánico al ver que la planta de arriba se caía.

María Esther tenía doces años cuando nos dejó para siempre en el trágico suceso del ex convento de Granadilla, el día 3 de febrero de 1963, vivía allí con sus padres, pues su progenitor trabajaba en la Agencia Auto Escuela Casanova. Era de la misma edad mía, recuerdo que cuando bajé a mi casa desde el colegio de San Fernando ubicado en la calle de San Francisco, donde estudiaba segundo de bachillerato libre con su director don Fernando Álvarez Arbelo, me encuentro con el entierro de Esther, al que le acompañaba casi media Orotava, por la calle El Calvario hacía la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, su ataúd que contenía su cuerpo era color blanco, y fue tanta la emoción que sufrí, decidiéndome acompañar hasta su última morada.

Conocía la trágica noticia en casa de mis padres, ese día solo se oía esas noticias trágicas que los entonces medios de comunicación ofrecían a través de la prensa y la radio… »

 
 

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